El sevelámero suele ser bien tolerado en pacientes con enfermedad renal crónica; sin embargo, como ocurre con otros quelantes de fósforo, puede asociarse a algunos efectos secundarios, principalmente a nivel gastrointestinal. Entre los más frecuentes se encuentran náuseas, vómitos, distensión abdominal, estreñimiento, diarrea y dolor abdominal.
En algunos pacientes pueden presentarse molestias digestivas persistentes o alteraciones en el tránsito intestinal, por lo que es importante vigilar la tolerancia al tratamiento, especialmente al inicio o tras ajustes de dosis. De manera menos frecuente, se han reportado casos de obstrucción intestinal o impactación fecal, principalmente en pacientes con antecedentes de trastornos gastrointestinales.
Se trata de una herramienta terapéutica clave en el manejo de la hiperfosfatemia en pacientes con enfermedad renal crónica, especialmente en aquellos en tratamiento dialítico. Su capacidad para reducir la absorción intestinal de fósforo sin aumentar la carga de calcio lo convierte en una opción eficaz y segura dentro del abordaje integral del trastorno mineral óseo asociado a la ERC. Integrado a la dieta, la diálisis y el seguimiento médico, el sevelámero contribuye a disminuir complicaciones cardiovasculares y óseas, favoreciendo una mejor calidad de vida y un mejor pronóstico a largo plazo.
Nota: La información presentada tiene fines informativos y no sustituye la valoración médica. El uso de sevelámero debe realizarse bajo prescripción y supervisión de un profesional de la salud, quien determinará la dosis y el esquema adecuados de acuerdo con las características clínicas y los niveles séricos de fósforo de cada paciente.